La
publicación en Buenos Aires de “Así
que el mundo fue”, en 1972, sorprendió al público
y la crítica. La composición de esta obra,
para algunos improvisada como un juego de escritura sin
lectores, no se comprendió hasta la posterior aparición
de los libros de poemas “Versos subordinados de relativo”(1973)
y “Sintagma verbal heróico” (1975), en
los que Zebedeo Flis continúa el estilo y el discurso
de “Así que el mundo fue” y, a su juicio,
deja finalmente probado que toda estructura o esquema -biológico,
físico o filosófico- se origina de igual modo
que un lenguaje verbal. Una razón de esta índole,
tan recurrida por Flis en sus últimas obras, se percibe
como punto de partida para acercarse a “Así
que el mundo fue”.
Zebedeo Flis manisfestó en diversas ocasiones que
la dificultad de su obra nunca se salvaría mientras
el lector ignorara que “Así que el mundo fue”
no describe la epopeya con que se origina el mundo físico,
sino el continuo lógico con que surge todo lenguaje.
Esta obra áspera por la repetición de premisas
y consecuencias, con forma de composición poética
y contenido de discurso científico, encubre una pretensión
filosófica sólo desvelada cuando en la cosmogonía
de Flis aparece el error del mundo, el componente dramático
que ningún sistema científico se atreve a
localizar y que el ejercicio literario ha sido universalmente
incapaz de descubrir en otro lugar que no sea el discurrir
de la existencia humana. Para Zebedeo Flis el drama de existir
no se limita a lo humano. Flis no teme apuntar qué
falló en la creación del mundo: la vida en
sentido amplio y general -la vida en sentido biológico-
será la causa del error que pervierte la precisión
lingüística del mundo y lo convierte en un inagotado
pozo de confusión moral.
Nunca imaginó Flis que su obra fuera buenamente
aceptada. Los lectores de “Así que el mundo
fue” han sido siempre sorprendidos tanto por la elemental
dificultad de su redacción, como por el carácter
inevitable de sus conclusiones. Se entiende que algunos
la consideren una obra moral. En palabras de Zebedeo Flis:
“Ningún lenguaje es puro si es habitable. Ninguna
palabra es justa si se muestra útil fuera del lenguaje”. |