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Ningún
libro sorprenderá tanto a un lector como este que aquí
se le presenta. A partir de un texto de difícil clasificación
se ha gestado un diseño igualmente difícil de ubicar
en ninguna tendencia editorial. Todos los rasgos de este libro
acompañan al carácter reflexivo del texto, abundan
en las propuestas lógicas que el autor brinda al lector,
producen en el usuario de la obra momentos que, obligados por
la solución formal del libro, se convierten en inimitables
prácticas de lectura.
La obra del argentino Zebedeo Flis, cuya redacción se
fragmenta en silogismos y anotaciones, insinuaba formas de edición
que apoyaran esa escritura recurrente, casi obsesiva, como líneas
de pensamiento lógico que se desplazaban circularmente
desde el origen para encontrar finalmente su continuación
en el punto de partida. Una página redonda, enlazada al
resto de las hojas del libro mediante un hilo en su centro geométrico,
parecía la solución formal que mejor apoyaba la
estructura circular del texto. El resto del diseño parte
inevitablemente de esta condición, de esta página/mundo
sobre la que las palabras de Flis se escriben con una regularidad
que busca, resaltando el centro óptico de la hoja, hacer
más visible su atrevida forma circular. Es inevitable mencionar
la calidad del papel: de intenso blanco, textura de grano y agradable
tacto de algodón.
Destacan en el libro recursos productivos inusuales, como el
rasgado irregular de la circunferencia o el borde de color que
adorna las hojas, ambos realizados a mano. Tampoco son elementos
habituales en las ediciones comerciales las tapas de cartón
o madera, que protegen el bloque de hojas y se abrazan gracias
al propio hilo que “encuaderna” la obra. De ninguna
manera puede esconderse que, como sucede en otras ediciones de
Lavandera Blanca, el usuario habrá de acostumbrarse a una
propuesta de lectura nunca ejercitada antes. El reto se compensa
con la experiencia obtenida, sin duda estimulante, exenta de rutina
y enemiga de lectores perezosos.
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