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Entre las incógnitas que rodean la autoría
de “La letra de plomo”, la más seria de ellas
concierne a la marca de impresor con que aparece timbrada la primera
edición de la obra. Impresa hacia 1950, la “Letra
de plomo” se publicó sin que figuraran en página
alguna el lugar de edición, la fecha y el autor, extraña
circunstancia debida, según reza en el colofón,
al olvido del impresor. Hay razones para entender que este supuesto
olvido es figurado y que impresor, editor y autor coincidían
en una sola persona. Sólo así se explica la aparición
de la citada marca en la edición indocumentada de la “Letra
de plomo”, marca que ya fue utilizada como firma gráfica
en ciertas obras publicadas por diferentes impresores a lo largo
de cinco siglos. Esta pervivencia de la marca ayudaría
a la pretensión del autor de confundir en una única
identidad la suya propia y la del personaje que narra su obra,
un impresor de libros que argumenta haber vivido desde los tiempos
de la invención de la imprenta. La marca, un fuelle de
fundidor circundado por la leyenda «Miserum est opus»,
aparece por primera vez en la edición de 1554 de las «Advertencias
al Concilio de Toledo» de Juan de Ávila, impresa
por el alemán Johannes Turm (Juan de la Torre). Vuelve
a verse esa misma marca en 1686, sobre una edición publicada
en Amberes del «Atlas Republicae», obra debida al
impresor Aegidius Verbist. En breve tiempo la marca se registra
dos veces más: bajo el colofón que el veneciano
Antonio Ghedini prepara para el «Dialoghi d’amore»
de Leon Hebreo, en cuya portada se apunta la fecha de 1715, y
en «La conquista del Perú», obra de Esteban
de Sedano, fechada en 1786 y debida al impresor Isaac Díaz
de Beralde. |