La
“Guía de caminos”, como su nombre augura,
explica al lector las direcciones a seguir para orientarse
adecuadamente. Sin embargo, nada tiene que ver esta Guía
con las obras de similar título editadas durante
los siglos XVIII y XIX, auténticas ediciones de referencia
destinadas a la consulta de localizaciones geográficas
y de las que el autor toma el título para su obra.
La “Guía de caminos”
del profesor Gaspar Iruña no descubre un territorio
geográfico sino el espacio abierto por el pensamiento
humano y la investigación científica. Acompañado
de alusiones históricas y datos científicos,
el lector recorre en este breve texto muchos de los caminos
emprendidos por la humanidad para conocer y comprender el
mundo que habita.
La obra se divide en cuatro partes
-el autor no los llamó capítulos sino caminos-,
una por cada punto cardinal. Las cuatro partes se dividen
a su vez en dos fragmentos de texto que alternativamente
indican las señales que el caminante deberá
buscar para reconocer la dirección emprendida. Durante
el día, la flor del cardo descubre al viajero lo
acertado del rumbo; durante la noche, la señal a
reconocer es una estrella.
En la “Guía de caminos”
de Gaspar Iruña, lector y viajero son uno. A ambos
se dirige el autor y a ambos quiere no sólo orientar
sino animar, con una constante pero amable exhortación
de profesor universitario. La lectura de la “Guía
de caminos” se hace como un doble viaje, de lector
y de caminante, pues en ella se recorren múltiples
itinerarios en los que la literatura y el descubrimiento
se convierten en una compañía única.
Concluido hacia 1886, el texto
original del profesor Iruña se ofrece anotado en
la presente edición. Se han comentado las referencias
científicas de finales de siglo XIX, unas veces como
correcciones y otras como ampliaciones a lo expuesto por
el autor. Estas anotaciones sirven al lector actual como
un contrapunto a la lectura del original; algunas de ellas
se han ilustrado con retratos y gráficos. La “Guía
de caminos” del profesor Gaspar Iruña se completa
con ocho láminas de Ana Isabel Iruña, descendiente
del autor. |