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Norte.
El cardo de San Hervás |
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| Al
caminante que se dirige hacia el Norte se le aconseja orientarse
buscando en el camino las matas del cardo de San Hervás.
Son espontáneas, si bien prefieren los lugares despejados
de sombra, mejor templados por un sol tibio al llegar el tiempo
seco y frío. Sobresaliendo del ramaje, la inflorescencia
asoma blanca y espesa, a veces con briznas grisazuladas que
la tiznan de cielo de invierno. |
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| Caminos
hacia Septentrión. Pág. 80 |
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| Este.
Zhamar |
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| Es
Zhamar la estrella a buscar por quien pretenda el Oriente.
Coincidiéndole la hora y la estación, al véspero
y en otoño, el horizonte del que surgió la estrella
será la región oriental del viaje. Fije el rumbo
el viajero. Zhamar se alza luego, a medida que pasa la noche,
en dirección opuesta, es decir a Poniente, donde luces
recientes de otoño la soplarán al amanecer borrando
su irisada llama. |
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| Caminos
hacia Levante. Pág. 58 |
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| Oeste.
Abaok |
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| El
sonido que llama al Oeste es una luz de rojiza tonalidad.
Silba tonos agudos, como púas de brillante cardo,
fundidos por la luz del astro, que los transmuta en melodía
con artificios de alquimia celeste. La estrella Abaok es
una llamada prendida en la oscuridad, es decir envuelta
en el silencio, en cuyos espacios igual cabe buscar con
la mirada y con el oído. Al llegar la noche suena
lejana, aguda, roja. |
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Caminos
hacia Poniente. Pág. 47 |
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Sur.
El cardo del sacre |
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Si
la encontrara abierta, bien puede decirse que radiante,
el viajero quizá quiera cortar la flor del cardo
del sacre y adornarse con ella. Aligérese de prisa
y peso y disfrute la perfección circular de la flor
y su amarillo luminoso, como una estrella que estallara
de súbito iluminando las dudas del viajero. No las
tenga: si ve la flor del cardo, estrella de primavera, va
recto y seguro hacia el Sur. |
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| Caminos
australes. Pág. 29 |
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