La letra de plomo
Anónimo

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Fragmentos

Novena narración

La hoja que tan a mano de Sonseca dejó maese Nicolás y las halladas en la industria de éste según dictó su singular idea se hubieran sobrado para ennegrecer la mejor ventura, pues aquellos textos indescifrables no parecían apuntar sino secretos de dudosa índole, quién sabía si perversiones o faltas contra la fe o el orden vigentes, tan perniciosa y dañina lectura, que debía ocultarse tras ilegibles signos.

 

Séptimo diálogo

Ana, recuerdo revelarte que en una infeliz madrugada me despertó el pesaroso sueño, que al evaporarse dejó en mi mano un parvo grano de trigo, fruto de la prieta congoja con que dormía. Esa noche soñé cortar una postrera espiga, con una hoz herrumbrosa y de filo insuficiente a la que gastaron los muchos años de mi vida, y con esta disminuida herramienta hube de recoger una definitiva cosecha. Pero tus dos amigos traen nuevo albor para mi hoz, que se afila y brilla con una reciente oportunidad de sorprenderme. ¡He de saber con detalle de qué trata esa extraña arte que se me anuncia! Alguno sagacísimo ingenió una manera artificiosa de escribir sin pluma ni mano. De resultar útil, ¡a ése lo premiarán los siglos con el recuerdo de su nombre! Fabio, ¡debes acompañarte de tu maestro un día próximo!

 

Preliminar

Con la mudanza de propósitos y años la escuela de huérfanos invirtió la intención que la originó, pues si de primeras maese Nicolás se disimuló con ella ante la persecución y condena que el Santo Oficio descargaba contra libros y escritos de dudosa índole, no menor verdad había en que lo alimentaba el deseo de enfrentarse al desamparo de los niños con el beneficio de la instrucción, única fuente de razones que nos adecentaría la vida con la esperanza de un porvenir posible.

 

Cuarto diálogo

Fabio, alabo tu método para recordar las letras. A toda persona cabal resultará ejemplar tu íntima sabiduría, que te permite distinguir las letras semejantes entre los diversos modelos de plomo de que dispone por ahora nuestra industria. Y no sólo reconocerlas, sean de un modelo u otro su adorno y filigrana, sino que has aprendido a colocarlas en la caja de tipos asistido por tu secreta curiosidad. Tus dotes de observación merecen llamarse insuperables. No obstante a ellas, debes saber cuanto antes que las letras valen por cosas bien distintas a los nombres que tú les dedicas.

             
     
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