Se
ha querido hacer un libro que sugiriera al lector el acontecimiento
histórico que se describe en la obra: los difíciles
comienzos de la imprenta. El resultado ofrece un libro elemental,
sencillo y de cómodo manejo gracias a la separación
de los cuadernillos interiores, que por separarse individualmente
favorecen el acto de la lectura. Leer los cuadernillos de
forma individual era una idea que merecía probarse,
pues anticipaba la indiscutible ventaja de aliviar el esfuerzo
del lector, que a veces se ve obligado a mantener el libro
en sus manos. Para conseguir estos cuadernillos individuales,
y a falta de las debidas soluciones industriales, las páginas
se han cosido a mano formando un lazo exterior de adorno.
Sin duda, se trata éste de su efecto más atractivo
e innovador.
“La letra de plomo”, finalmente, reclama al
lector una responsabilidad inusual en otras ofertas editoriales:
al lector se le solicita el mantener el orden de su propio
libro, con una atención que nunca es precisa para
con las ediciones convencionales. Justo a ese tipo de lectores
nos dirigimos, a aquellos que toman el libro por un valioso
orden de emociones. |